Historia de Noelia

Una mañana en el pueblo de 18 Monotonia un niño nació, lo llamaron Zoltan, tenía una gran sonrisa y una nariz rojita. Cuando sus padres lo miraron vieron que esa mancha no era normal en la nariz, preocupados le preguntaron al médico de inmediato, él con firmeza les respondió que se quitaría con el tiempo. Al cumplir los 5 años inicio el Monocolegio donde todos las mañanas se realizaba la misma tarea: primero se sentaban en los pupitres se seccionados por el pueblo colocaban la maleta a la derecha y seguidamente el profesor leía un a lectura sobre el Dios Monotonía, después de un hora de dibujo en el que tenía que dibujar una casa con un árbol y colorearlo si salirse, tocaba siesta que dormían cincuenta y ocho minutos exacta, continuaban con una hora de construcción con ladrillos de plástico donde tenía que constituir un castillo con un puente, finalmente llegaba la hora en la que los padre recogían a sus hijos por orden alfabético. El primer día de clase Zoltan entro a clase y se sentó en su sitio coloco la maleta a la izquierda, el profesor al verlo lo regaño, cuando llego el momento de la lectura Zoltan no sabía quién era ese señor entonces grito sin pensarlo -¿Quién es ese? El profesor aturdido le respondió-Es nuestro Dios querido, tenemos que queremos y amarlo, el fue nuestro creador. Seguidamente sin dejar terminar al profesor dijo -¿Cómo sabes que él fue nuestro creador? El profesor al pensar que era u insulto al creador lo echo de clase. A la hora de la siesta, se quedo toda la hora despierto y por ultimo en la hora de la construcción cuando todos sus compañeros intentaban hacer el castillo con el puente él creó un dragón con alas, los profesores enfadados y asustados llamaron a sus padres. Ellos lo llevaron al médico que les dijo que la que la enfermedad era la de la nariz colorada y que no tenia cura, preocupados le preguntaron qué hacer con él, el médico le contesto que podía mandarlo a la burbuja. Los padres de Zoltan inocentes y sin pensamiento crítico dieron el visto bueno. Después de diez largos años lo sacaron y le hicieron el test de Creatividad, en el que por su desgracia o suerte, saco el 100% sin remedio fue mandado al planeta basura, hoy llamado: TIERRA.

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Historia de Claudia

Todo empieza en una noche de luna llena, donde mi novio y yo discutimos por una cosa que sinceramente ahora no tiene importancia. Michael me dejó en la carretera de camino a mi casa, mejor dicho de la casa de mi padre. Dicha carretera no era tal, puesto que no estaba asfaltada y tenía muchos baches y socavones, polvorienta y bastante oscura. Me tocaba estar con él durante una larga temporada, mientras mi madre buscaba trabajo en Londres de restauradora de arte en un museo. La casa de mi padre estaba a las afuera del pueblo llamado Tansville. Mientras caminaba extasiada y pensaba en la movida que tuve con mi novio, justo a mitad de camino, creí ver una sombra oscura que parecía que me observaba, detrás de unos árboles. Me quedé inmóvil, del susto mi corazón parecía salirse del pecho y la respiración se aceleró, mis pasos que antes eran pequeños se transformaron en gigantes. Me parecía que alguien me seguía y por esa sensación no pude aguantar más y empecé a correr con todas mis fuerzas, enganchándome la cadena que llevaba al cuello a unas ramas. Llegué a casa en menos tiempo de lo que pude imaginar, entre sulfurada y nerviosa, buscando a mi padre para explicarle lo que me había pasado, lo encontré en el sofá del salón dormido en ropa interior, con aspecto desaliñado , barbas de varios días y por su olor parecía no haberse lavado en días. En la mano derecha un cigarrillo medio consumido a punto de quemarle el dedo y no sería la primera vez. El salón y la mayoría de la casa estaba muy sucia, cuando digo sucia no me refiero a un poco de polvo y unas cuantas cosas mal colocadas, sino a un sofá viejo de cuero marrón con boquetes y hundido por el centro, una mesa pequeña entre el sofá y el televisor con distintos ceniceros llenos de colillas, el suelo pegajoso por los continuos derramamientos de latas de cerveza barata… El televisor estaba puesto y no se veía nada. solo nieve, con el volumen muy alto. Cuando vi a mi padre de esa forma no quise despertarle porque sabía como reaccionaría, por eso solo apagué el televisor y le quité el cigarrillo, y despacio sin hacer ruido me fui a mi dormitorio. A la mañana siguiente en el instituto todo parecía normal, un día monótono como otro cualquiera pero ya a cuarta hora me enteré a través de una amiga que habían encontrado el cadáver de una chica cerca de la casa de mi padre. Entonces recordé todo lo ocurrido la noche anterior y de cómo me pareció que alguien me seguía. Y pensé: ¡Dios mío! y si esa persona que me seguía es el asesino y me ha reconocido. Al salir de clase me recogió Michael para llevarme a casa, yo seguía enfadada con él, pero al pensar en lo sucedido a esa chica no quise volver sola. Noté a Michael muy raro, nada mas entrar al coche me abrazó de manera efusiva y sus ojos enrojecidos llenos de lágrimas, eso me hizo olvidar nuestro enfado y lo tranquilicé. Michael me contó que me había llamado por la noche y toda la mañana y al no contestarle pensó que la chica asesinada era yo. Estuve tan exaltada la noche anterior que no me acorde de cargar el móvil. Le expliqué que alguien me había seguido y entonces él se mostró más nervioso que de costumbre hasta el punto que no lo reconocía. Trataba de decirme algo sin atreverse cuando pude ver en el coche mi collar desaparecido, entonces me entró el pánico, salí del coche gritando y eché a correr sin escuchar los ruegos de Michael. ¡No podía creerlo mi propio novio había intentado matarme y posiblemente había matado a esa chica! Estaba tan asustada que crucé la carretera sin pensar en otra cosa que escapar de él. Días más tarde desperté en el hospital, me había arrollado un coche. Junto a mi cama estaban mis padres con un semblante preocupado pero al verme despierta me abrazaron muy emocionados. Mi madre me contó que Michael era inocente. Tenía el collar porque se lo encontró a su hermano que era el verdadero asesino de la pobre chica. Resultó que éste pensó que yo lo había visto todo, por eso quiso matarme pero desechó esa idea al llegar yo a casa.

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Cuento 2: Sin título



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Una vez vivía un viejo rey que tenía a su servicio a un joven caballero que hacía poco había alcanzado la mayoría de edad, cuyo nombreera Douglas. Cierto día, Douglas salió a enseñar a cazar a su hermano Ian, que tenía unos catorce años. Mientras caminaban por el bosque, encontraron una hermosa pluma dorada. “Será mejor que no la cojas, te traerá problemas” Le avisó Ian, pero Douglas no vio motivo para no hacerlo y se la llevó al rey.
El rey quedó prendado por la belleza de la pluma y dijo “Es tan hermosa que un rey como yo habría de tener el pájaro entero. Tráemelo o arderás en una hoguera”
Douglas, destrozado, le contó a su hermano lo ocurrido. “Te dije que te traería problemas. Cubramos el bosque donde encontramos la pluma de grano y esperemos”
Así lo hicieron, y tras unas horas un ave fénix apareció y comenzó a comerse el grano. Douglas, que estaba preparado y era un hábil cazador, no tardó en atraparla. Y se lo llevó al rey.
“Este ave fénix es espléndida. Si puedes conseguirme esto, puedes encontrar a la mujer más hermosa del mundo. Tráemela o arderás en una hoguera.”
Volvió Douglas junto a su hermano, sintiendo que era imposible cumplir la voluntad del rey.
“Pídele al rey su carruaje de oro y salgamos en busca de esa mujer”- respondió su joven hermano.
Así lo hicieron, y cierto día encontraron a una hermosa mujer de cabellos como el sol y ojos como el cielo que cabalgaba sola por el bosque. Douglas la invitó a descansar en su carruaje y la chica accedió a quedarse. Al cabo de un rato se quedó dormida, y Douglas aprovechó la oportunidad y la llevó al rey.
Él no cabía en sí de felicidad al ver a la hermosa mujer, pero ella, al despertar y descubrir que aquel viejo y horrible hombre quería casarse con ella, quedo destrozada. El rey no conseguía hacerla reír ni conversar con ella, ni menos acercársele, pues ella le odiaba. El  rey empezó a odiarla a ella a su vez  debido a la indiferencia que esta le profesaba, y cierto día volvió a dirigirse a Douglas
“Aunque sea hermosa me odia y cuantiosas veces me ha faltado el respeto. Acaba con ellas o arderás en la hoguera”
Douglas fue a ver a su hermano y le contó lo ocurrido. No quería matar a la mujer, pero si de ello dependía su vida tendría que hacerlo. Ian volvió a aconsejarle.
“Hablemos primero con ella. Talvez hallemos una solución”
Así lo hicieron. Entraron en los aposentos de la mujer y le expusieron aquel dilema.
Ella dijo que había una forma de que ambos sobrevivieran. En realidad era una hechicera que se dirigía hacia algún reino para empezar una nueva vida, pues la magia no estaba bien vista en sus tierrras natales. Lanzó un hechizo sobre Douglas y dijo: “Cuando el Rey te lance al fuego, no solo sobrevivirás, sino que saldrás siendo aún más fuerte y apuesto que antes.”
Cuando al día siguiente el rey descubrió que la mujer seguía viva, se enfureció, y mandó a sus guardias que prendieran a Douglas y encendieran una hoguera, a pesar de todo lo que el joven había hecho por él. Allí lo ataron, pero las llamas no dañaban la piel de Douglas ni hacían arder sus ropas. Se desató con facilidad y lentitud ante la asombrada mirada del rey. Al salir, como había predicho la mujer, se sentía aún más fuerte y era aún más apuesto que antes.
El rey pensó que si se metía en aquel fuego el efecto sería el mismo que con Douglas, y que con ello conseguiría enamorar a la mujer. Se lanzó el fuego, pero sin embargo, a él si que se lo comieron las llamas, y murió pasto de ellas. Como no tenía descendientes ni parientes, Douglas fue coronado rey por ser su mano derecha, se casó con la mujer, y nombró consejero real a su ingenioso hermano menor.

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Cuento 1: Aún sin título



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En unas tierras prósperas y abundantes, habitaba un codicioso dragón. Atacaba a todos los reinos a los que viajaba y todo el oro que extraía de ellos lo amontonaba en su escondite, por lo que no tardó en acumular una gran fortuna. Un día, dos reinos vecinos decidieron poner fin a aquella situación, y los hombres, armados con arcos y lanzas, expulsaron al malvado dragón de aquellos terrenos y lo conquistaron. Dividieron el territorio en dos, uno para el Reino del Sol, y otro para el Reino de la Luna, y edificaron castillos y pueblos por todo él. Y los dos convivieron en armonía durante muchos años.
Cierto día, un grupo de exploradores del Reino del Sol encontró una extraña entrada a una gruta en tierras del Reino de la Luna. Una vez dentro, sus ojos no dieron crédito a lo que veían: El antiguo y gran tesoro del un dragón relucía en aquella oscura inmensidad.
El comunicado de aquel hallazgo no tardó en llegar a oídos de ambos reyes. E inmediatamente la codicia les cegó: el rey del Sol reclamaba el tesoro por haberlo encontrado, y el rey de la Luna lo proclamaba suyo por haber sido hallado en sus tierras. Negándose ambos a compartir ni una sola moneda de aquella inmensa riqueza, prefirieron empezar una guerra que resignarse a entregar el oro al reino vecino.
Y así fue como la guerra llegó a aquellas tierras y arrasó con todo a su paso. Los pueblos cayeron, las murallas se debilitaron, y hombres de todos los reinos perecían en batalla cada día. Poco a poco, se destruyeron los unos a los otros, olvidada la antigua amistad por un puñado de monedas. Viendo la gran oportunidad que había estado esperando para recuperar su antiguo hogar, el Dragón salió de su escondite en tierras lejanas y volvió a su gruta, no sin antes arrasar ambos reinos como venganza, que se vieron incapaces de defenderse, ya que ambos estaban demasiado débiles por la guerra. Y así el dragón volvió a su gruta y se enterró en su preciado tesoro. La gente empezó a marcharse de aquellas tierras, pues ya no eran seguras con un dragón viviendo en ellas, y cuando casi todo había sido arrasado por el fuego y la guerra. La única forma de que el reino volviera a resurgir sería expulsando al dragón de los reinos.
El rey del Sol tenía dos hijos mayores y una hija llamada Alhena.  Desesperado y con miedo a poder perder todo lo que tenía si su pueblo le dejaba, dio un anuncio: El hombre que consiguiera matar al dragón tendría derecho, no solo a quedarse con sus riquezas, sino con la mano de su hija. Muchos caballeros de ambos reinos emprendieron aquella aventura, pero ninguno logró volver.
La princesa Alhena sentía miedo ante la posibilidad de que uno de aquellos hombres llegara a regresar con la cabeza del dragón y la desposara, pues se negaba a casarse con un desconocido cualquiera. Decidió que no dejaría que eso ocurriera y, una noche, subió a uno de los caballos blancos de su padre, armada con una espada de su hermano mayor, y se escapó del castillo.
Cruzó el desolado reino en dirección a la Gruta del Dragón, dispuesta a darle muerte, aun no habiendo sido entrenada en el arte de la guerra y la batalla, pues sabía que siempre podría servirse de su ingenio. Por el camino se encontró a un caballero ataviado con una armadura de metal y cabalgando una montura negra. Se hacía llamar Oliver del reino de la Luna, y también viajaba con la ambición de matar al dragón. Ella se había apoderado de unas ropas de clase baja y una vieja capucha, por lo que el caballero no la reconoció como princesa. Sin embargo, se mostró complacido con ella y se ofreció a recorrer aquel largo camino juntos. Y así lo hicieron.
Cuando llegaron a la gruta, dejaron fuera a los caballos y se adentraron en ella, antorcha en mano. Recorrieron los amplios túneles en silencio, sigilosos, y acabaron en una amplia cámara repleta de monedas, joyas, y más riquezas de las que cualquier hombre podría llegar a imaginar. Oliver se dispuso a atacar al dragón, que estaba dormido, pero Alhena le detuvo “Si te acercas harás ruido al moverte entre todos esos metales y le despertarás. Hay que buscar otra forma.” Puede que la princesa del reino del Sol no fuera fuerte, pero sí era ingeniosa. Observó la cámara con detenimiento. “Mira esos dos pilares de roca. Son los que mantienen la cámara en pie. Si lográramos derribarlos, aplastaríamos al dragón” “¿Y qué pasará con el oro? Quedará aquí enterrado para siempre”- No pudo evitar replicar el caballero. “Mejor él que nosotros, ¿no crees?”- Apuntó ella.
Oliver acabó accediendo y se ofreció a engañar al dragón para derrotarle. “Tú ya has demostrado tu ingenio. Deja que yo contribuya en esto con algo de valía”
El caballero entró en la cámara y dio golpes en una de las inmensas columnas, sabiendo que no podría romperlas. Pero su intención era captar la atención del dragón, y lo consiguió. El reptil se despertó e, irguiéndose, giró la escamosa cabeza hacia el sonido repiqueteante de la hoja de la espada contra la roca. Se abalanzó sobre el caballero con un rugido, pero este, preparado, se apartó a tiempo: La columna sufrió una fuerte embestida contra el cuerpo del dragón y se rompió. El techo de la cámara de tambaleó.
Oliver repitió el proceso con la segunda columna y el resultado fue similar. El techo de la cueva, sin encontrar lugar donde soportar su peso, empezó a desmoronarse sobre la cámara. Oliver era rápido, y consiguió salir junto con la princesa Alhena a tiempo. Sin embargo, el dragón, pesado y gigantesco como era, no tuvo tanta suerte: Acabó aplastado por las rocas, enterrado eternamente en aquella tumba de oro y piedra.
Habiendo salvado la vida, victoriosos, Alhena y Oliver se dispusieron a volver a su hogar. Pero aún debían recoger su recompensa, y eso significaba que el caballero tendría derecho a casarse con la princesa. Pero lo cierto era que a ella ya no le desagradaba tanto la idea, tras haber corrido aquella aventura con él.
Oliver resultó ser el príncipe del reino de la Luna, que había ido con la intención de librar a su reino del dragón y llevar la riqueza a su padre. Al casarse con Alhena, ambos reinos se unieron y formaron uno solo, solventando los conflictos que tantos años los habían asolado. Consiguieron reconstruir el desolado reino con esfuerzo y dedicación, y cuando sus padres faltaron, se convirtieron en unos reyes justos y bondadosos, y se cuidaron de la codicia, pues sabían que había sido ella, y no el dragón, quien había hecho sucumbir al reino en el pasado.

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